Eté Y Los Problems: 20 años y el debut más esperado

Con una expectativa que llevaba meses creciendo entre la banda y su público, Eté & Los Problems vivió su primer Teatro de Verano como un acontecimiento que desbordó la categoría de recital. Fue un rito emocional y punto de inflexión en los 20 años de historia del grupo, que hizo de la noche la expresión más clara de su madurez artística y comunión con su gente.

Desde temprano, el ambiente alrededor del Templo anunciaba que la jornada tendría un peso especial. La épica de las noches que se recuerdan para siempre ya estaba ahí, junto al clima desafiante de la tarde.

Rápidamente, los paraguas y capas improvisadas mutaron a las conversaciones cruzadas y remeras de distintas épocas que marcaron el ingreso a un Teatro que se comenzó a colmar desde entrado el inmejorable atardecer. Familias, grupos de amigos, seguidores de todas las etapas de la banda y nuevas generaciones que llegaron a partir de los lanzamientos más recientes, convivían dentro de una misma expectativa.

Cuando la banda apareció en escena, la respuesta del público fue inmediata. El inicio con Las Palomas estableció desde el primer acorde el tono de todo el concierto: la convergencia única entre la intensidad y la cercanía que atraviesa a la banda desde sus comienzos. La voz de Ernesto encontró instantáneamente su réplica en un público predispuesto y preparado para atravesar dos décadas de música compartida.

El desarrollo del espectáculo avanzó sobre una mezcla equilibrada entre canciones clásicas que marcaron el camino de Los Problems y material reciente que confirma el momento artístico que atraviesan. Así es que, cuando sonaron, por ejemplo, Los Eucaliptus o Ismael, la platea respondió con un canto masivo que volvió evidente la transversalidad del público: veteranos que siguen al grupo desde sus primeros discos y quienes llegaron desde Mudar, Plata u otros trabajos recientes, convivieron sin distancias, creando una comunión que es, en sí misma, parte fundamental de la identidad de la banda.

También hubo momentos especialmente significativos a nivel emocional; instantes en los que el Templo pareció formar parte de la historia en tiempo real. Jordan y Hambre se vivieron como picos de intensidad colectiva, donde la banda y el público parecieron encontrarse en el mismo punto exacto. Para coronarlo, Eté también estuvo acompañado de más de 20 invitados que aportaron lo suyo. Entre ellos: Gabriel Peluffo, Laura Gutman, Agarrate Catalina, Leroy Machado, Dani Umpi, Martín Quiroga, Hermanos Láser, Nacho Algorta, Federico Morosini, Andrea Pérez, Cecilia Rodríguez, dijeron presente pisando fuerte con sus respectivas e inconfundibles improntas. 

El cuidadoso repaso de canciones fue la afirmación de un recorrido sostenido en el tiempo, construido desde un lugar tan íntimo como compartido, y reforzado en cada pausa en la que Ernesto tomó la palabra para agradecer el camino, recordar historias y subrayar los años vividos junto a los seguidores de Eté.

El carácter simbólico del show también estuvo atravesado por el registro audiovisual que se realizó de principio a fin. Saber que cada acorde, cada coro y cada reacción del público quedaría documentada para la posteridad le sumó una capa de significado a la experiencia. No se trató simplemente de grabar un concierto; fue una forma de dejar constancia de un presente sólido y vital, de un momento en el que Eté & Los Problems pisó fuerte el Teatro de Verano con una identidad artística que se mantiene fiel a sí misma, en medio de su constante crecimiento y evolución.

Hacia el final, con Arariyo, No Sé Lo Que Pasó y Milonga De Manuel Flores, el concierto encontró su punto de culminación, sin haber perdido en todo momento la cercanía que lo atravesó desde el inicio. Hubo un agradecimiento recíproco, una sensación de logro compartido y un clima que dejó en claro que la noche quedará marcada en la memoria tanto de la banda como en la de quienes la acompañaron en “el show más grande de nuestras vidas”.  

Más que un recital, fue un capítulo nuevo en la historia viva de Eté & Los Problems. Una celebración de 20 años que mira hacia atrás, sí, pero sobre todo hacia adelante. Una noche en la que el Templo se convirtió en escenario y testigo de un ritual que reafirma la vigencia del rock uruguayo y la potencia de una banda que, después de dos décadas, no para de encontrar nuevas formas de conmover.