Rada, La Catalina y León Gieco se reencontraron sobre el escenario del Templo
El pasado sábado 18 de abril, el Teatro de Verano recibió a uno de los espectáculos más esperados del primer semestre. Terapia de Murga regresó al escenario del Templo, luego de haber marcado un hito a fines de 2025, y lo hizo reafirmando su éxito como cruce entre distintas generaciones de artistas que dialogan desde la identidad rioplatense.
Con Ruben Rada, Agarrate Catalina y León Gieco compartiendo escena, la propuesta volvió a desplegar su esencia: una construcción colectiva donde la música, la murga, la palabra y la emoción se entrelazan a través de un mismo lenguaje. El público, que ya había acompañado masivamente en su primera presentación en el Teatro, respondió una vez más con un marco que confirmó el lugar que el espectáculo ha ganado en la escena cultural regional.
Desde el primer instante, la lógica del show volvió a correrse del formato tradicional para construir un verdadero espacio de encuentro. La murga funcionó como columna vertebral del relato, aportando su potencia coral y escénica, mientras la banda de Rada sostuvo el pulso musical desde el candombe, generando la base sobre la cual las distintas voces fueron entrando en diálogo con naturalidad. En una segunda parte, la banda de Gieco tomó las riendas musicales, aportando nuevos climas y ampliando aún más la paleta sonora del espectáculo.
En este tipo de cruces es que las canciones se resignifican. Temas de uno y otro repertorio encontraron, a partir de las historias contadas por los artistas, nuevas formas, nuevas capas, nuevas lecturas. La teatralidad de la murga, el groove característico de Rada y la sensibilidad de Gieco convivieron en escena, dando lugar a versiones que ampliaron el sentido original de cada obra y reforzaron la idea central del espectáculo: celebrar la diversidad cultural y artística de nuestra región.
La presencia de León Gieco volvió a aportar un matiz particular a la propuesta. Su impronta de trovador sumó momentos de introspección y conexión profunda con el público, generando climas que aportaron un interesante contraste con la energía festiva de la murga y el pulso rítmico de la banda. Dentro de ese equilibrio entre lo íntimo y lo masivo, fue que el espectáculo encontró nuevamente uno de sus puntos más altos.
A lo largo de la noche, el escenario se transformó en un espacio vivo, con cerca de treinta artistas en escena, donde cada intervención sumó al carácter único de la propuesta. Terapia de Murga no solo regresó: reafirmó su lugar como uno de los encuentros artísticos más relevantes de la escena actual, capaz de convocar, emocionar y generar un espacio donde la música y la identidad dialogan en clave colectiva.